Cuando el voluntariado recarga tu ‘batería’ emocional

Marce González Barrientos, agente de la Policía Nacional de San Andrés del Rabanedo, acompaña desde hace dos años a pacientes hospitalizados en el Hospital San Juan de Dios de León y ofrece apoyo a sus familiares con el objetivo de hacer su estancia más humana.

 

Hay momentos en la vida en los cuales sentimos que las fuerzas nos abandonan. A Marcelino González Barrientos, Marce, le flaquearon hace ya un par de años y, por prescripción terapéutica, se inició en el mundo del voluntariado. 

“Me cambió la vida y yo necesitaba cambiarla”, asegura un agente de la Policía Nacional de San Andrés del Rabanedo que, tras descartar otras opciones como Protección Civil, apostó por el acompañamiento a pacientes hospitalizados y el apoyo a sus familiares con el objetivo de hacer su estancia más humana. Una labor que compagina con un día a día lleno de responsabilidades, entre las que se encuentra su hijo Héctor.

Así ha sido como Marce, que maneja las baquetas con mucha maestría al frente de los grupos musicales Jazz Min (jazz vocal), Cuatro Notas (pop-rock) y Four Notes (ragtime), ha conseguido recargar su ‘batería’ emocional en el Hospital San Juan de Dios de León donde, sobre todo los fines de semana, recorre los pasillos del centro con la misma decisión con la que golpea los platillos. 

“Es una experiencia que te abre los ojos. Te ayuda a relativizar y a distinguir la gravedad de los problemas”, explica en el marco del Día Internacional del Voluntariado porque, en sus propias palabras, “uno se rompe una uña y hace un drama, cuando siempre hay alguien con cuatro dedos rotos”.

A sus 50 años, le sobran tablas para llegar al corazón de unas personas que, ante la enfermedad, se hacen más vulnerables. “Muchas veces son los familiares los que necesitan desahogarse”, explica Marce segundos antes de abrir la puerta de la habitación de Pedro y Francisco. 

Una vez dentro el primero de ellos, que ha sufrido un ictus, le comenta –no sin dificultades para expresarse- cómo se encuentra. “No tengo ninguna fuerza en la mano, menos que ayer”, lamenta un hombre de 84 años que día a día, desde los últimos 18, trata de recuperar la autonomía perdida en el servicio de Rehabilitación de San Juan de Dios. “La próxima vez que venga espero echarle un pulso”, le reta Marce que, según confiesa, es zurdo. Y es que de mano izquierda va sobrado.

Aureliano, que no está aún para muchos trotes, al menos de momento, recibe su visita como agua de mayo. “Hoy no ha venido nadie a verme aún, ayer sí que vino mi nuera”, le traslada a Marce mostrándole la hinchazón de sus piernas. Pero, si todo va bien, en un par de día volverá a su pueblo, situado “río abajo de Riello”, en la montaña occidental leonesa.

Este policía nacional que, cuando las circunstancias lo permiten, se ofrece a dar paseos con ellos, también con los pacientes que presentan movilidad reducida, confiesa que el voluntariado, además de “gratificante”, le da tanta paz como el yoga que practica. De este modo, recomienda a cualquiera a alistarse en las filas de un voluntariado que transforma vidas desde la fuerza e implicación de quien regalan su tiempo a los demás.

 

      *Este artículo irá incluido en el número 141 de la Revista Salud 2000

 

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