El valor de los cuidados tras un ictus

Marta Crespo y María Fernández, técnicos en cuidados auxiliares de enfermería (TCAE), se encargan en el Hospital San Juan de Dios de identificar en planta las necesidades de los pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular al objeto de darles respuesta de la mano del servicio de Rehabilitación. 

 

La repentina interrupción del riego sanguíneo en una parte del cerebro o la rotura de un vaso pueden ser letales al ocasionar una rápida destrucción de las neuronas. La atención inmediata de los pacientes que sufren un ictus isquémico o hemorrágico es clave para aumentar la probabilidad de una recuperación completa. Pero, posteriormente, en función del área más afectada, hay todo un trabajo por delante para minimizar el daño.

Aquí entra en escena el papel de los neurorrehabilitadores y de los técnicos en cuidados auxiliares de enfermería (TCAE) como Marta Crespo y María Fernández, que se encargan en el Hospital San Juan de Dios de León de identificar sus necesidades al objeto de darles respuesta. “Los jueves y viernes registramos su evolución”, explica Crespo que, al margen de valorar la capacidad del paciente para comer por sí solo, desplazarse o colaborar en su aseo, tiene muy en cuenta la percepción de su estado de salud. 

“Me gusta conocer lo que piensan y saber cómo llevan los avances para poder motivarles”, indica Crespo. Porque en palabras de Fernández, “es importante que encuentren sus propias razones para no abandonarse a las circunstancias”. “Llegan con el ánimo por los suelos, pero yo siempre les digo que aquí no se van a quedar. Por eso, mantener una actitud positiva es básico”, expone una profesional que, por encima de todo, trata de hacerles la estancia más amena.

Y es que ante un accidente cerebrovascular la expresión “hay un antes y un después” cobra más sentido que nunca. “Quieren progresar más deprisa, pero precisan su tiempo”, asegura esta TCAE de la planta 4B consciente de que su recuperación es una carrera de fondo que exige esfuerzo, constancia y grandes dosis de paciencia.

Los accidentes cerebrovasculares representan tras el infarto de miocardio y el cáncer la tercera causa de mortalidad, así como la segunda de demencia tras el alzhéimer, y la primera de invalidez permanente, ya que la mayoría de los pacientes sufre secuelas que en el 40 por ciento de los casos les inhabilitan para realizar las actividades cotidianas.

“La neurorrehabilitación es fundamental para que puedan recuperar la máxima autonomía posible”, señala Crespo que, junto a Fernández, se ocupa del seguimiento de cerca de una decena de pacientes. Algunos de ellos, ante problemas de movilidad, hacen los ejercicios en la misma cama para no ver comprometida su masa muscular hasta que pueden bajar al gimnasio.

 

Un servicio de videollamadas que tiende puentes

La tercera ola de la pandemia, que ha obligado al Hospital a restringir totalmente las visitas, no ha ayudado. No obstante, la tecnología se ha convertido en su mejor aliada gracias a un servicio de videollamadas que les acerca sus seres queridos. “Algunos pacientes presentan afasia, no pueden expresarse con normalidad, pero el simple hecho de verles y escucharles les tranquiliza”, pone de manifiesto Crespo.

“Son momentos que las familias agradecen mucho dada la situación”, según apostilla. Y Fernández está de acuerdo: “Es fastidiado, a veces lloramos todos, pero en cualquier caso está siendo una experiencia que nos ayuda a reforzar el vínculo”. Un entorno de confianza mutuo para que las visitas de seguimiento cumplan con lo esperado y puedan mejorar la calidad de vida del paciente afectado por un ictus.

 

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