La restauración franquista de la monarquía

La opinión pública acerca de la monarquía lleva años deteriorándose, especialmente tras casos tan polémicos como el enjuiciamiento de Urdangarin en el que la infanta fue absuelta. Esas mismas Navidades, el rey dijo en su discurso que la justicia es igual para todos, lo que sin duda los españoles entendimos como una burla. En medio de la anterior crisis económica en 2012, el rey estaba cazando elefantes. En esta nueva crisis que ha venido con el Covid-19 , hemos comprobado una vez más que la corrupción de la monarquía no tiene límites ni en las peores situaciones por las que pueda estar pasando el país. Hemos conocido los escándalos de los fraudes fiscales del rey emérito y su huida a los Emiratos Árabes Unidos, la vacunación contra el Covid-19 de las dos infantas en este país cuando han ido a visitar al ex jefe de Estado, mientras que en España solo un 2% de la población había sido vacunada. La lentitud de Hacienda para investigar sus fortunas irregulares y los escándalos con sus amantes con varios millones de euros de por medio, han contribuido a la erosión del apoyo a la monarquía que pudiese quedar. Ante todo esto nos preguntamos, ¿por qué tenemos monarquía en España? ¿Cuál es la razón por la que seguimos arrastrando esta institución feudal? Como en muchos otros casos, se trata de un error más que fue cometido en la Transición. Y ahora, más de 45 años después lo seguimos pagando -literalmente-.

Antes de que Franco muriera, Juan Carlos le juró lealtad a él y a los principios de la dictadura: autoritarismo, desprecio a la democracia y catolicismo. Fueron las Cortes Franquistas las que le nombraron rey de España, siendo el primero después de la Segunda República. Al iniciar la Transición, el rey presionó para que el presidente fuera Arias Navarro, un reconocido franquista, aunque después se vio obligado a pedir su destitución, pues había sido un nombramiento demasiado polémico y junto con la presión internacional por democratizar España, Juan Carlos advirtió que pondría en peligro la democracia si no transformaba su discurso hacia uno más abierto, moderno y democrático. Aquí es cuando se da el cambio en la imagen del emérito, que pasó de ser una figura autoritaria, franquista y ferviente defensora de la dictadura, a un nuevo rey demócrata que apoyaba el modelo parlamentario. Así, se ganó la legitimidad ante la opinión pública.

La Constitución recoge la monarquía como otro órgano del Estado democrático. Pero, sin embargo, no es una institución constitucional, ya que el rey fue nombrado como tal antes de la Constitución por el régimen franquista. Así, el rey no es rey por voluntad de la Constitución, sino por voluntad del dictador, pues fue quién le nombró su sucesor. En ningún momento se preguntó a los ciudadanos si al volver a la democracia, querían recuperar la república o no. La Transición fue dirigida por los mismos políticos de la dictadura y no permitieron que la monarquía, la última voluntad de Franco para España, se cuestionase. Por ello, los partidos de la oposición, el Partido Socialista y el Comunista, se vieron obligados a aceptarla para poder ser partidos políticos legales y operar en el nuevo régimen.

Los ciudadanos votaron la Constitución aceptando indirectamente la monarquía, pero no se puede considerar que ese voto exprese la verdadera voluntad de los españoles, pues las elecciones constituyentes se dieron en un ambiente convulso y crítico en el que los sectores políticos y militares franquistas amenazaban con volver a una guerra civil. La Constitución se planteó en términos de todo o nada y la población, ansiosa por recuperar los derechos políticos y civiles fundamentales de los que habían sido privados durante 40 años, dio su voto a favor bajo esta presión.

Hoy, no hay nadie menor de 60 años que votase esta Constitución, que está demostrando quedar desfasada en muchos aspectos. Además, la CE recoge la impunidad del rey ante la ley. Esto implica que no se le puede multar, llevar a prisión y ni siquiera hacer que declare en calidad de testigo. Tampoco es responsable de sus actos. La sociedad demanda un cambio respecto a estas leyes que son injustas y contrarias por naturaleza a un Estado social de derecho. Tanto las leyes como la Constitución deben evolucionar junto con la sociedad y responder efectivamente a las demandas que los ciudadanos expresen en cada momento, o se correrá el riesgo de dar lugar a una gran crisis de la legitimidad del Estado.

Lucía de Castro (León, 2000) Estudiante del grado internacional de Ciencias Políticas y Administración Pública en The Russian Presidential Academy of National Economy and Public Administration

1 pensamiento sobre “La restauración franquista de la monarquía

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *