La Audiencia Provincial de León ha dado inicio hoy al esperado juicio contra Natalia Torices, conocida en la crónica negra como la “Reina de la Burundanga”. El caso, que ha mantenido en vilo a la sociedad leonesa y ha atraído la atención de medios nacionales, se centra en el presunto uso reiterado de escopolamina, una droga peligrosa vinculada a la sumisión química.
Natalia Torices, de 43 años, enfrenta graves acusaciones que incluyen seis delitos de homicidio en grado de tentativa, además de cargos por lesiones, estafa, falsificación y robo con violencia. La Fiscalía ha solicitado una pena de prisión superior a los 30 años para la acusada, así como una indemnización conjunta que supera los 250.000 euros destinada a resarcir a las víctimas por los daños sufridos.
La investigación policial sostiene que Torices habría tejido durante años una red de engaño, ganándose la confianza de personas cercanas –familiares, amigos y conocidos– para posteriormente suministrarles escopolamina. Aprovechándose del estado de indefensión de sus víctimas, presuntamente vaciaba sus cuentas bancarias, se apoderaba de objetos de valor e incluso les hacía firmar documentos.
Las autoridades han vinculado a Torices con al menos seis incidentes en los que las víctimas experimentaron graves consecuencias físicas, incluyendo pérdida de conciencia, confusión severa y, en algunos casos, hospitalización. A pesar del peligro inherente al uso de esta sustancia, la acusada habría persistido en su modus operandi durante casi una década, afectando a diferentes personas de su círculo.
La defensa de Torices ha planteado durante la instrucción del caso la posible existencia de una adicción patológica al juego online, específicamente al póker, como un factor atenuante de su conducta. Sin embargo, los informes periciales han concluido que la acusada conservaba su plena capacidad de discernimiento y que sus acciones fueron deliberadas y mantenidas en el tiempo.
Se espera que el juicio se prolongue a lo largo de la presente semana, con la presentación de testimonios cruciales de más de una docena de testigos, peritos médicos y agentes de policía. Las declaraciones de las víctimas, algunas de las cuales aún lidian con secuelas psicológicas, se anticipan como momentos determinantes del proceso judicial.
La gravedad de los delitos y el perfil de la acusada, una mujer que aparentemente llevó una doble vida durante años mientras desarrollaba una estrategia delictiva meticulosa y extremadamente peligrosa, han generado una considerable expectación en León. La ciudad espera respuestas y justicia en este caso que ha sacudido los cimientos de la confianza y la seguridad en la comunidad.

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