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martes 3 febrero 2026

Gamoneda regresa a la infancia a los 94 años en el nuevo tomo de sus memorias, ‘Catálogo de olvidos’

  • El veterano poeta, galardonado con el Premio Cervantes en 2006, tiene además dos poemarios en marcha, ‘Después del jamás’ y ‘Cancionero de la indiferencia’

El sábado por la mañana el poeta Antonio Gamoneda, nacido en Oviedo en 1931 y leonés desde los 3 añines, se vistió con un pantalón azul, zapatillas de esparto blancas y una camisa alegre de cuadros de colores -“que yo soy elegante, y si cae vino, ni se nota”-, cogió el bastón y caminó despacito hacia el hotel que está frente a su casa. Llegó contento y puntual a la tertulia semanal de amigos: pintores, escritores, artistas, un médico, un periodista, una lingüista, un fotógrafo y hasta un opositor a notarías componen la peculiar pandilla sabatina.

Gamoneda ultima un nuevo tomo de sus memorias y dos poemarios. | SM

Un día antes de que Clint Eastwood celebrara las 95 primaveras, el Premio Cervantes leonés había soplado las 94 velas en Sahagún. Tocaba brindar a su salud y Gamoneda estaba hablador. “Ya no oigo bien, ya no veo bien“, asegura, pero mantiene intactas lucidez e ironía.

Una infancia de penurias y la crueldad de la posguerra es uno de los temas más recurrentes del autor de ‘Blues castellano’, y a ello vuelve cuando le piden que cuente alguno de sus recuerdos. Sus ojos sufren cuando habla del hambre, de los presos que veía pasar, de la dureza de una época que sin duda lo marcó. “Mi madre machacaba huesos de pollo, los ponía al fuego y los machacaba con cáscara de huevo y miel que nos regalaban“. Calcio en papilla. “Yo creo que mi madre acertaba, porque me he caído de bicicletas, de taburetes, varias veces por las escaleras… y nunca me he roto nada“.

Se le ve contento, así que una periodista que se sumó al brindis aprovecha para preguntarle en qué anda trabajando y en qué momento del día prefiere escribir. “Escribo siempre que tenga el impulso, aunque mis horas preferidas son de las doce de la noche en adelante“, dice, y asegura que “no hay inspiración que llegue sin haber trabajado antes al menos dos horas, lo contrario es un cuento chino“.

Prefiero escribir a mano, pero ahora no veo bien, cada vez se me arregla peor, así que lo hago con letras gordas en una pantalla, en un aparato para cegatos que me he comprado“. Ultima un nuevo tomo de sus memorias, que titulará ‘Catálogo de olvidos’, y tiene dos poemarios en marcha, ‘Después del jamás’ y ‘Cancionero de la indiferencia’. Ten en cuenta que te he dicho unos títulos, pero pueden cambiar“, advierte.

Copa de manzanilla y torrezno en mano, la tertulia continúa ya en un tono más distendido y Gamoneda regresa al hoy para contar que el viernes pasó el día de su 94º cumpleaños en Palencia -“fui a inaugurar el Ateneo“- y, en el camino de vuelta, paró en Sahagún para pegarse un pequeño homenaje: “puerros, bacalao y tarta, aunque no hubo velas“.

Gamoneda con algunos de los tertulianos habituales de cada sábado. | TERE

Como se acerca la hora de comer, el poeta cuenta entre brindis y brindis que tiene buen apetito y que le gustan las alubias con liebre y el arroz, “pero que no sea paella, mejor a banda o a la zamorana“. “Si esta tarde fuera a morirme, es posible que ahora pidiera unas sopas de ajo como en Segovia, con costra, grumelos -setas- y un poquito de jamón; y de postre, la falsa tarta de Santiago hecha en Asturias, por ejemplo“.

Para Gamoneda, “el mejor poeta de todas las lenguas es San Juan de la Cruz, y te lo dice un agnóstico. Le entraba entusiasmo platónico. Le molían a hostias en Toledo y escribía en la celda lo que podía”. “No tengo conocimiento lingüístico de otras lenguas, sólo puedo elegir poemas en mi lengua, decir otra cosa es falsedad”. De elegir a tres poetas, se quedaría también con César Vallejo y con Lorca.

¿Poemas de una mujer? Me quedo con Ángela Figuera Aymerich (1902-1984), que le dijo una grosería política muy bonita a Dámaso Alonso y éste la pegó… Lo traje a León a presidir un jurado, vino tres o cuatro veces“.

La tertulia se va alargando y Gamoneda hace varios amagos de marcharse. “Hoy no sé si me van a dar de comer en casa, que han venido mi hija y mi nieta y mira qué horas“, dice. “Yo ya me voy, lo que queda de mí os verá otro día“. Sed buenos y felices, que son dos cosas difíciles, se despide.

 

Susana Martín

Periodista. He hecho un poco de todo en el maravilloso oficio de contar historias: prensa, radio, montar el primer digital de León, reportajes de investigación sobre lo que otros intentan silenciar o colarme en una cárcel para entrevistar a dos asesinas. Creo en el periodismo como servicio público e intento mantener una mirada objetiva. Me gusta mucho escribir, escuchar, vivir, leer, las burbujas y otros 'pecaos'. Tengo pocos miedos.

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