- La investigadora Raquel Fueyo Arévalo reconoce que ha trabajado muchísimo, “pero llegar a este descubrimiento tiene un gran componente de suerte y muy poco de talento. En esta entrevista cuenta cómo saber resistir a la frustración de lo que no sale adelante es fundamental en la ciencia
“Los experimentos a veces no salen, o lo que pensabas que te llevaría una semana te acaba llevando seis meses”, explica a León24horas esta leonesa crecida en Armunia que estudió Bioquímica, Biomedicina y Bilogía Molecular. Junto a un equipo que no quiere dejar de citar -“la ciencia es un trabajo en equipo, donde todos nos apoyamos en los resultados de otros”-, Fueyo y cía han descubierto en Standford un gen esencial en los embriones humanos. La prestigiosa revista Nature acaba de publicar el hallazgo de esta investigación.
Raquel nació en León hace 37 años y de niña estudió en el Padre Manjón, en Armunia. Un colegio público pequeño del que guarda muy buenos recuerdos “por el esfuerzo que los profesores hacían por organizar actividades que promovían la tolerancia y la inclusión de todos los niños y niñas de un barrio que ya empezaba a sufrir problemas de marginación social”. Su instituto fue el Juan del Enzina, allí apostó por el Bachillerato de Ciencias.

- Y de León, a Galicia a estudiar la carrera…
- Me fui a Santiago de Compostela a estudiar Farmacia, no pensando en trabajar en una farmacia, sino con la idea de algún día dedicarse a la investigación de fármacos y nuevas terapias. Las asignaturas de la carrera me ayudaron a definir mis gustos y me enamoré de la bioquímica. ¡Me parecía increíble que como humanos hayamos llegado a entender cómo funcionan nuestros mecanismos celulares con tanto detalle! Aunque no es lo que más tiene que ver con la farmacia, decidí que quería hacer un doctorado en bioquímica o biología molecular.
- ¿Qué recuerdos tiene de su infancia y juventud en León? ¿Tiene pueblo?
- Nacida y criada en León capital, ¡y sin pueblo! Algo que siempre me sorprendió, porque yo juraría que cada persona que conocía tenía pueblo. De mis años en el colegio público Padre Manjón recuerdo las risas. Siempre he tenido la suerte -o he priorizado- los amigos y amigas que me hacían reír, ¡y me he reído y me río mucho! También recuerdo a muchos amigos que hice durante esos años y que ya no sé dónde están. Aunque muchos no lo crean, también me acuerdo de ir al instituto y que el termómetro de Guzmán marcara -10 grados… dato que poco nos importaba a las adolescentes (risas).
- Sus investigaciones le llevaron a conseguir plaza en la prestigiosa Universidad de Stanford, con la doctora Wysocka. Usted lideraba el proyecto… ¿Qué recuerdos guarda de esa etapa?
- Tras Farmacia, me fui a Barcelona a hacer el doctorado en el laboratorio de la doctora Marian Martínez-Balbás en el CSIC. En el laboratorio de esta doctora, ¡que también es de León!, aprendí muchas técnicas y cómo diseñar y dirigir un proyecto científico. Allí, además de defender la tesis doctoral, publiqué varios artículos científicos que me llevaron a tener un currículum competitivo. Durante la etapa de tesis doctoral siempre admiré el trabajo de la doctora Wysocka, y le envié un email para ver si tendría un lugar para mí en su laboratorio para trabajar de investigadora postdoctoral. Tuve mucha suerte y me ofreció una plaza. Ya casi hace siete años de eso y tengo recuerdos de todos los colores. Al principio no podía parar de pensar que yo no tenía que estar allí. Muchos de mis compañeros habían estudiado en universidades de élite y sentía que nunca podría llegar a su nivel. La realidad es que aunque esas universidades te preparan mucho, el poder entrar en esas “élites” significa que tu familia es pudiente o que tus padres trabajan en el entorno académico y han sabido guiarte para poder entrar. Durante estos siete años he conocido a mucha gente muy lista, pero no siento que en general sean más listos que mis compañeros de instituto, por ejemplo. Simplemente, han enfocado su vida a llegar a la élite académica. Esta etapa postdoctoral ha sido muy edificante, he aprendido mucho sobre cómo enfocarme en lo importante de una investigación, en lo que en ciencia llamamos “nuestra pregunta”. En enfocarme en lo que es importante para resolver la pregunta y desechar las distracciones. También me he hecho más paciente. Hacer las cosas con cuidado te ahorra muchos dolores de cabeza, aunque a veces estos tiempos son muy largos y no se ajustan a nuestras expectativas. Por ejemplo, la primera vez que probamos si los fragmentos de origen viral eran importantes para la formación del blastoide nos dimos cuenta de que estábamos trabajando en unas condiciones que no eran las idóneas para ver el resultado y que teníamos que volver a empezar… Esto me atrasó casi un año, pero era necesario, así que en lugar de perder el tiempo quejándome por mis malas decisiones, empecé a hacerlo bien lo antes posible.
- Los resultados de ese trabajo se han publicado este mes en la prestigiosa revista Nature. Cuéntenos.
- En el laboratorio de la doctora Wysocka he trabajado en un tipo de fragmentos de nuestro ADN que tienen origen viral y se denominan “retrovirus endógenos”. Los genes ocupan solo el 2% de nuestro genoma, y el 98% restante es lo que hace años se conocía como el ADN basura (‘junk DNA’ en inglés) y que ahora conocemos como ADN no codificante, porque no codifica ningún gen. Dentro de este ADN no codificante, el 8% es de origen viral, es decir, son secuencias de ADN de virus que existieron hace miles o millones de años y que nos infectaron en algún momento de la evolución, dejando una huella en nuestro genoma. En casi todas nuestras células, estos fragmentos virales están silenciados, para evitar daño celular. Sin embargo, en los primeros días de la embriogénesis, antes de que el embrión se implante en el útero, estas secuencias virales muestran signos de actividad. Por ejemplo, en ratones, hay evidencia de que estas secuencias víricas tienen funciones. En este proyecto, quisimos responder a la pregunta de si estos fragmentos virales tienen una función en humanos, pero claro, no podemos utilizar embriones humanos por motivos éticos y legales. En lugar de embriones humanos utilizamos blastoides, que son un modelo in vitro de laboratorio que imita al embrión humano y se genera a partir de células madre. Lo que vimos es que cuando apagamos los fragmentos virales en estos blastoides, la formación falla, y hemos descubierto parcialmente el mecanismo de por qué falla. Parece ser que hay un fragmento viral que sólo tenemos los humanos y que es esencial para activar un gen que regula la embriogénesis. Este mecanismo sòlo ocurre en humanos, otras especies no tienen el fragmento viral, y el gen está apagado.
- Su objetivo era entender el genoma… ¿Qué funciones tiene esa investigación, qué utilidades?
- El genoma es el nombre oficial del conjunto de secuencias de ADN que contienen nuestras células (los genes y otras secuencias reguladoras), es decir, es el “libro de instrucciones” que guía todas las funciones de nuestras células. Poder entender lo que significa este código y lo que falla en caso de enfermedad puede guiarnos a la hora de diseñar mejores terapias.
- ¿Estas investigaciones las hacéis con embriones animales?
- No, no son embriones animales, son estructuras tridimensionales que imitan al embrión humano (blastoides, porque imitan al blastocito, que es como se llama al embrión humano alrededor del día 5, tras la unión del espermatozoide y el óvulo). La investigación con embriones humanos está muy restringida y en caso de que el tipo de experimento esté aprobado, obtener un número suficiente de embriones es complicado. Hace unos años, varios laboratorios desarrollaron unos métodos para generar estructuras a partir de células madre que imitan al embrión humano y estas estructuras (blastoides) han hecho que la investigación acerca de lo que sucede los primeros días de la embriogénesis humana sea más accesible.
- Háblenos de su paso por Silicon Valley.
- La Universidad de Stanford está situada en pleno Silicon Valley, rodeada de empresas tecnológicas como Google, Facebook, Nvidia etc. Esto hace que sea un lugar donde vivimos muchos emigrantes altamente cualificados. Esto no es necesariamente bueno jaja. En mi opinión, es un lugar aburrido, con poco que hacer y donde la vida es bastante artificial, cara y donde la gente habla demasiado de cómo hacerse rico. Los empleados de estas empresas tecnológicas ganan mucho dinero, pero no es el caso de los científicos. Para que te hagas una idea, durante el Covid, los científicos de Stanford recibimos ayudas gubernamentales por ser considerados por debajo del límite de la pobreza, así que estar rodeados de millonarios no ayuda, porque hace todo muy caro.
- Y ahora va a ir a Berlín para establecerse por su cuenta… ¿En qué proyecto va a trabajar?
- Sí, voy a empezar mi laboratorio en Berlín, en el instituto de Genética Molecular Max Planck, ahora como investigadora principal. Tengo varios proyectos, pero todos están relacionados con poder entender la función y la activación de las secuencias de origen viral de nuestro genoma. Además de durante la embriogénesis, estas secuencias están activas en cáncer y en enfermedades neurodegenerativas, así que comprender mejor su función y regulación puede darnos pistas sobre cómo abordar estas patologías.
- ¿Tiene tiempo para venir a León de vez en cuando?
- Pues sí. Mínimo, una vez al año, y si puedo, más, aunque con sólo 12 días de vacaciones en Estados Unidos no es muy fácil. Por suerte, mi jefa es europea y me deja cogerme más días. Siempre intento ir en verano y tomar algo en la plaza del Grano, sobre las 4 de la tarde, cuando no hay casi nadie, me encanta.
- ¿Tiene familia aquí?
- Sí, la mayoría de mi familia vive en León y mi familia política en Gijón.
- ¿Qué recuerdos tiene de León: de su infancia, de su juventud, de sus tiempos como camarera en el Mongogo…?
- Ya hace casi 20 años que me fui de León, el tiempo pasa volando. Tengo recuerdos normales, del frío, del calor del verano… de los cientos de bares llenos.
- ¿Qué soñaba que quería ser cuando era niña?
- Aunque no sabía bien cómo expresarlo, desde pequeña me imaginaba estudiando y haciendo algo relacionado con la ciencia. Siendo sincera, también me imaginé siendo famosa con algún grupo de música que nunca llegué a tener jajajaja.
- Y ahora, ¿a qué aspira?
- Me encanta mi trabajo, y aunque hay días muy duros, me gustaría poder seguir haciéndolo siempre. Me parece un lujo levantarme por la mañana y que me paguen por investigar, por tomar un café con un colega y discutir sobre un proyecto, por leer los descubrimientos de otros científicos. Ahora que voy a empezar mi laboratorio, aspiro a poder motivar a las nuevas generaciones a desarrollar mentes críticas e interpretar el mundo que nos rodea con una buena dosis de escepticismo.
- ¿Le gustaría volver a trabajar en España?
- Sí, pero por desgracia, hay muy pocos centros de investigación bien financiados. Es cierto que en esta profesión enriquece mucho estar en institutos internacionales, pero esta vida “nómada” se puede hacer un poco cansada. A mí aún me apetece esta aventura berlinesa, pero después, creo que ya va siendo hora de volver a España. La calidad de vida aquí es inigualable.
- ¿No hay lugar aquí para los investigadores, que tantos se van?
- Creo que irse no es el problema, el problema es no poder volver. Hacer estancias fuera, formarse en otras universidades etc. es muy enriquecedor y lo recomiendo 100%. El problema es que no hay plazas de investigador o están muy mal pagadas, y muchos decidimos no volver. Los científicos españoles somos muy valorados en el extranjero, nos consideran muy bien formados y trabajadores. Sin embargo, nuestro país no nos aprecia, España nunca ha invertido lo suficiente en investigación y desarrollo y no lo ven cómo una necesidad. En mi caso, como en el de muchos otros investigadores, esto es tirar el dinero. España y los impuestos de los españoles nos han pagado la educación pública, en mi caso, también becas para hacer la carrera y el doctorado… y una vez estoy bien formada, no hay oportunidades de conseguir plazas científicas dignas y bien remuneradas en España. Básicamente, regalamos la gente que formamos a otros países que entienden el valor de esta formación… En mi opinión, un error.
- ¿Es más complicado llegar donde está llegando por ser mujer? ¿Qué porcentaje aproximado de mujeres hay en los laboratorios a día de hoy?
- Como en todas las profesiones, ser mujer conlleva unas dificultades extra por cuestiones como la conciliación familiar, ya que es más común pedirle a la mujer que se quede en casa cuidando a los niños. Dicho esto, yo, que no tengo hijos, no he sentido ninguna dificultad extra por llegar a donde estoy. Eso sí, he tenido mujeres jefas que han liderado con su ejemplo y me han apoyado en todas mis metas. En ciencias biomédicas, sobre el 60-70% de las estudiantes son mujeres, pero eso no se ve reflejado en las posiciones de liderazgo, así que como en otras profesiones, hay mucho trabajo por hacer.

Susana Martín
Periodista. He hecho un poco de todo en el maravilloso oficio de contar historias: prensa, radio, montar el primer digital de León, reportajes de investigación sobre lo que otros intentan silenciar o colarme en una cárcel para entrevistar a dos asesinas. Creo en el periodismo como servicio público e intento mantener una mirada objetiva. Me gusta mucho escribir, escuchar, vivir, leer, las burbujas y otros 'pecaos'. Tengo pocos miedos.


