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lunes, 5 diciembre 2022

Aritmofobia: el pánico a las matemáticas

¿Por qué los niños odian tanto las matemáticas? Para muchos alumnos las ecuaciones, el álgebra y las fracciones son sinónimo de pánico y estrés. El estudiante español crece de la mano de los números: con el lanzamiento del nuevo plan escolar, los niños de Primaria tienen de media 545 horas de matemáticas al año. O lo que es lo mismo: 3270 horas a lo largo de los 6 años de Primaria.

Un tiempo necesario si tenemos en cuenta todos los beneficios que aportan las matemáticas a los niños: agilidad mental, pensamiento analítico, inquietud, visión espacial, habilidad investigadora… Sin embargo, se puede convertir en un problema para los niños que sufren aritmofobia, un miedo irracional a los números.

Desde Smartick, el método líder de enseñanza online de matemáticas más usado por los niños españoles, advierten de las dificultades endémicas que generan las matemáticas en la educación española. De hecho, un 24% de los alumnos de Primaria tiene clases particulares para reforzar esta asignatura, tal y como publica el informe ‘Educación en la sombra’, de EsadeEcPol. Y, pese a ello, el último estudio TIMSS señala que el conocimiento de matemáticas del alumnado nacional es muy inferior respecto al resto de países europeos, ya que España tiene una puntación de 502 en matemáticas, lejos de los 513 europeos y de los 527 de los países miembros de la OCDE.

¿Cómo puedes saber si tu hijo tiene aritmofobia?

Smartick señala que la aritmofobia, también conocida como numerofobia, puede aparecer por diversas causas, tanto genéticas como ambientales. En primer lugar, puede surgir como una fobia hereditaria de padres a hijos o como una alteración genética, es decir, que el propio menor asocie unas reacciones emocionales a un tipo de conexiones emocionales concretas. En segundo, puede presentarse a través de un motivo externo, por ejemplo, una situación puntual relacionada con los números en la que el niño sufrió un excesivo estrés o a inseguridades generadas por hacer mal los cálculos. Y es que, como muchos otros trastornos psicológicos, es muy probable que su origen esté en la etapa estudiantil tras tener una mala experiencia en la asignatura de matemáticas.

En muchos casos se habla de la ‘profecía autocumplida’, es decir que la ansiedad dificulta el aprendizaje y disminuye la confianza en la capacidad.

En cuanto a los síntomas, varían en función del menor. Generalmente están asociados a malestar físico, como dolor estomacal, náuseas o sudores excesivos; pero también a manifestaciones como angustia, bloqueo, miedo al fracaso, pesadillas nocturnas, dolores de cabeza o aumento de la presión cardíaca.

¿Cómo se puede tratar?

Uno de los motivos de aparición de la aritmofobia son las experiencias pasadas, por tanto, focalizar las causas por la que se genera este conflicto permite afrontar y tratar la fobia con el mayor conocimiento posible.

Por ello, desde Smartick insisten en la importancia de tratar un problema que con el paso del tiempo puede hacerse mayor. En los casos graves incluso puede ser incapacitante para tener una vida plena como adultos competentes. Hay que tener en cuenta que las matemáticas tienen una utilidad diaria en la sociedad actual tanto en la vida escolar, como en la personal y profesional, por lo que es aconsejable tratarla cuanto antes de la mano de profesionales.

Además, recomiendan que desde los 4 años trabajen sesiones cortas de matemáticas -15 minutos es el tiempo máximo en el que se puede mantener la concentración y dar un gran rendimiento- presentadas en contextos reales y cercanos a la infancia, así como realizar actividades que fomentan su autonomía y se adapten a su ritmo de aprendizaje.

Javier Arroyo y Daniel González de la Vega, fundadores de Smartick, señalan que “la aritmofobia es un miedo desconocido entre la sociedad española. Si un niño tiene problemas con las matemáticas, no significa que tenga aritmofobia. Pero hay muchos padres que creen que a sus hijos simplemente les cuesta esta materia cuando realmente sufren una fobia grave que hay que tratar. Es un trastorno psicológico que puede derivar en un rechazo profundo a los números y a todo lo que los rodea: facturas, préstamos bancarios, cuenta corriente…”

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