El Ademar suda sangre pero triunfa. 25‑29 en O Gatañal

  • Los de León se estrenaban este domingo en la Liga Asobal contra el Cangas de Morrazo
  • El Ademar 2025–26 ha empezado como los equipos grandes: sin lucirse, pero ganando

Con la camiseta aún empapada en esfuerzo, el Abanca Ademar León salió de O Gatañal con algo más que dos puntos: salió con la certeza de que la temporada 2025–26 no será un camino de rosas, pero sí de carácter. El 25–29 ante un combativo Cangas del Morrazo deja una lección clara: el Ademar sigue siendo ese equipo que sabe sufrir… y ganar.

El arranque del partido fue todo menos fluido. A Ademar le costó entrar en ritmo. Impreciso en ataque, permeable en defensa, y con varias caras nuevas aún buscándose entre sí. Cangas aprovechó cada despiste inicial, llegando a colocarse con ventaja de 5–2. El equipo leonés parecía atascado, solo sostenido por las primeras intervenciones de Saeid bajo palos.

Fue entonces cuando Dani Gordo ajustó líneas, el equipo empezó a defender más cerca de los seis metros, y la ofensiva ganó terreno. Gonzalo Pérez Arce, tocado físicamente, apareció para sumar goles vitales desde los siete metros y en penetración. También Darío Sanz dio aire cuando más se necesitaba, rompiendo líneas y forzando exclusiones.

El descanso llegó con un respiro: 11–14. Pero el marcador no reflejaba la sensación de fragilidad. Cualquier bajón podía costar el partido. Y así fue.

En el segundo tiempo, tras estirarse a un esperanzador +5, Ademar volvió a tambalearse. Una exclusión a Benites, protestas desde el banquillo, otra sanción a Gordo… y el equipo, en inferioridad, encajó un parcial que devolvió al Cangas al partido. El pabellón apretó. El electrónico reflejaba un 19–18 que heló a los visitantes. De nuevo, tocaba remar.

Pero en lugar de entrar en pánico, Ademar eligió madurar el balón, cerrarse atrás y esperar su momento. Volvió el temple. Saeid firmó varias paradas claves. Gonzalo volvió a responder en el lanzamiento. Y la defensa se endureció cuando más quemaba.

El tramo final fue de resistencia, de aguantar los golpes y responder con cabeza. Así, Ademar recuperó el control del marcador y cerró el partido con un trabajado 25–29. Ni brillante ni cómodo. Pero sí justo.

La temporada acaba de comenzar, pero los puntos ya valen oro. El siguiente compromiso servirá para medir si este Ademar tiene continuidad o si sigue dependiendo del oficio más que del juego fluido.

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