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lunes, 5 diciembre 2022

Mañueco reivindica una fiscalidad “justa y moderada” y evitar dar privilegios a territorios “por interés político”

El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, ha participado este martes, en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, en Madrid, en el acto de presentación del libro ‘Ley Perpetua de Ávila’, de Salvador Rus y Eduardo Fernández.

“Dar un mayor conocimiento a la ‘Ley Perpetua de Ávila’ es digno colofón a las conmemoraciones Comuneras realizadas durante 2021”, según ha subrayado el presidente, quien ha afirmado que es un texto “poco conocido”, pero de notable trascendencia histórica puesto que es “reflejo del deseo de los Comuneros de abordar los problemas importantes con una solución legal que evitara que su movimiento deviniera en revolución”. Por ello, en palabras del presidente, la Ley Perpetua fue innovadora pero no rupturista y seguía la tradición jurídica de la Corona de Castilla. 

“Muchos de sus contenidos se adelantaron a su tiempo, hasta el punto de ser considerada la primera constitución moderna”, según ha añadido Fernández Mañueco, quien ha indicado que alguno de los principios y valores que contempla son “insólitamente actuales”.

Entre ellos ha citado la voluntad de estabilidad, concebida como ley general, “guardada perpetua e inviolablemente”; un primer esbozo de separación de poderes entre los del Monarca y el Reino, cada uno con su propio ámbito de actuación; y la defensa de la libertad y la igualdad “del común” que era concebida como esencial para el buen gobierno. Principio que, según ha proseguido Fernández Mañueco, “es esencial e implica excluir privilegios a clases o territorios por interés político y defender la solidaridad social y territorial”.

El presidente ha señalado que la Ley Perpetua recoge también la equidad fiscal, objetivo también de candente actualidad, “es importantísimo pues una fiscalidad justa y moderada”.

Fernández Mañueco ha manifestado que la Ley Perpetua sigue siendo “un espejo en qué mirarse” y para asumir la responsabilidad ante lo más esencial: Sus promotores así lo hicieron, defendiéndola hasta el último extremo. “Perdieron su vida, pero no su dignidad, ni el deseo de hacer mejor a su tierra, sembrando unas semillas de libertad, igualdad y de democracia que hoy tenemos que preservar como dignos herederos suyos”.

Finalmente, ha reivindicado el papel de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

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