- La localidad ribereña recupera su mascarada de invierno con un desfile de personajes ancestrales entre los que destacan los toros, la gomia y las tradicionales madamas
Las calles de Cimanes del Tejar han vuelto a ser el escenario de una de las manifestaciones más puras del carnaval tradicional leonés: el Antruejo. Esta festividad de raíces paganas, que ha cobrado un nuevo impulso en la última década tras su recuperación, reúne cada año a vecinos y visitantes en torno a un ritual donde el estruendo de los cencerros y el colorido de las máscaras marcan el ritmo.
El eje central de la celebración es el desfile de los guirrios, figuras emblemáticas de la Ribera del Órbigo. Estos personajes, ataviados con camisas de lino, fajas de lana y cinturones cargados de esquilas, recorren el pueblo saltando y asustando a los asistentes. Su presencia, vinculada históricamente a ritos de fertilidad y a la llegada de la primavera, es la seña de identidad de un evento que busca preservar la identidad rural de la comarca.
Además de los guirrios, el Antruejo de Cimanes destaca por la variedad de sus figuras. Entre ellas sobresalen los toros, que arremeten contra el público, generando carreras y momentos de tensión cómica. La gomia, figura zoomorfa con cabeza de vaca o caballo, portada sobre los hombros. Y las madamas, vestidas con el traje de gala regional.











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