El mundo de la música ha amanecido de luto tras conocerse la muerte de Robe Iniesta, fundador, voz y alma de Extremoduro, a los 63 años. La noticia, confirmada por su entorno más cercano, ha sacudido a miles de seguidores en toda España y ha despertado una oleada de homenajes espontáneos en redes sociales, plazas y locales de música en directo. León, donde Robe escribió varias páginas de su historia musical, tampoco ha tardado en reaccionar.
Robe no era leonés, pero León sí formó parte del mapa emocional de Extremoduro. La banda ofreció aquí algunos de sus conciertos más recordados, especialmente en los años 90 y principios de los 2000, cuando su propuesta rockera y visceral encontraba en la provincia un público entregado. Muchos recuerdan todavía aquellas noches en la ciudad, donde miles de jóvenes corearon himnos que ya son parte de la memoria colectiva.
La noticia de su muerte ha provocado que numerosos seguidores leoneses recuperen entradas antiguas, fotografías y crónicas de los conciertos del grupo en la provincia. En redes sociales se multiplican los mensajes que mezclan emoción y nostalgia
Robe Iniesta deja atrás un legado musical inmenso: letras crudas y poéticas, actuaciones incendiarias y una forma de entender el rock que cambió para siempre el género en España. Su pérdida marca un antes y un después, pero su influencia permanecerá en generaciones de músicos y seguidores.
En León, donde su música encontró siempre un eco especial, el adiós a Robe se siente hoy más cerca, más íntimo y más vivo que nunca.

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