Casa Maragato: Cecina a cuchillo, una birra y arenas del mundo en una parada imprescindible camino de Asturias

  • Es un bar de carretera de los de toda la vida. Un lugar donde ofrecen un poco de todo y mucho más. Una visita imperdible para quienes van de León a Asturias por la N-630. Un lugar auténtico de los que apenas quedan para hacer una paradita o disfrutar de sus embutidos leoneses. Es Casa Maragato Vinos y Licores, en Busdongo. Un clásico leonés
En Busdongo, en la carretera principal a la derecha, camino de Asturias desde León, Casa Maragato. | SM

En la galería de objetos que pueden verse frente al mostrador de este bar-tienda hay siempre un poco de todo: carteles imposibles, botas de vino, caramelos pez, loterías, conservas de todo tipo… Pero lo mejor siempre es el paisanaje: Tere, Juan y la retahíla de clientes que paran a menudo a tomar un pinchín porque, si has estado alguna vez en Casa Maragato, siempre que pasas paras.

Y cruzar esa puerta del número 6 de la carretera que cruza Busdongo camino de Asturias es volver atrás en el tiempo. Retroceder varias décadas y meterse en una tiendina de ultramarinos de las de toda la vida: donde encuentras casi de todo, y sobre todo el trato cercano de los tenderos-meseros, que te sacan siempre una sonrisa con sus ocurrencias, aunque sea la primera vez que cruzas la puerta.

En el bar, en el comedor, en la tienda, la clientela es variopinta. Moteros, viajeros, lugareños, gente que pasaba por allí y alucina con el hallazgo. Frente a la estación de ferrocarril, Casa Maragato es tienda, es bar y es casa. Un lugar auténtico como pocos donde te tratan como si fueras cliente de toda la vida.

Y aquí se toma café, refrescos o “una birra grande”, como pide un motero que acaba de entrar y contempla alucinado el local en su primera visita. “¿Dan comidas, jefe? ¿Tienen bocadillos?”. Las pizarras responden que sí, que ofrecen al viajero un poco de muchas cosas: embutidos, conservas, bocadillos y dulces y café de puchero para rematar la parada.

En el pueblo donde nació casi por casualidad Amancio Ortega (la que fue su casa está a unos pasos), Casa Maragato fue almacén de piensos, luego almacén de vinos y desde hace cuatro décadas un bar-tienda singular que siempre ha regentado la misma familia. El tatarabuelo de ella, Tere, un arriero maragato, se instaló en Busdongo a finales del siglo XIX.

A día de hoy, la cecina de León cortada a cuchillo sigue siendo la reina de la casa. No hay cortadora, ni falta que les hace. La cortan con primor, la pesan sobre papel de estraza blanco y te la comes o te la llevas a casa.

Puedes comer en las mesas de la tienda o pasar al fondo, al comedor, donde se encuentra un pequeño gran museo de arenas del mundo. Una colección chulísima que van ampliando muchos de sus clientes habituales cuando viajan por el planeta.

Tienen quesos, vinos, miel, madreñas, botas de vino, mermeladas artesanas, peonzas, castañuelas, carracas, cencerros, tirachinas… Un galimatías de objetos curiosos, comestibles o no, y dulces de la zona, como las herreritas, los suspiros o los cubiletes. Y tampoco faltan carteles que sacan una sonrisa al más serio (‘Para un culo elegante, papel Elefante’).

Y antes de marchar, la cuenta, siempre a lápiz sobre un cuaderno con toda la ‘contabilidad’ bien apretada.

Bolsa de embutidos en mano, el viajero hace sonar la campanilla de la puerta cuando se marcha. “A este sitio tengo que volver”, se despide el motero mientras se pone el casco.

Susana Martín

Periodista. He hecho un poco de todo en el maravilloso oficio de contar historias: prensa, radio, montar el primer digital de León, reportajes de investigación sobre lo que otros intentan silenciar o colarme en una cárcel para entrevistar a dos asesinas. Creo en el periodismo como servicio público e intento mantener una mirada objetiva. Me gusta mucho escribir, escuchar, vivir, leer, las burbujas y otros 'pecaos'. Tengo pocos miedos.

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