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sábado 14 febrero 2026

El talento femenino que lidera la lucha contra la leishmaniasis desde la Universidad de León

  • Con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, nos adentramos en el Área de Toxicología de la ULE. Un equipo donde catorce investigadoras trabajan en soluciones reales para enfermedades que la crisis climática está trayendo a nuestras puertas

Este miércoles 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha para recordar que el progreso humano no puede permitirse prescindir de la mitad del talento disponible. En la Universidad de León (ULE), existe un rincón donde esta premisa es una realidad cotidiana: el Área de Toxicología del Departamento de Ciencias Biomédicas. Allí, un grupo mayoritariamente femenino no solo investiga; inspira.

Un equipo con nombre propio

El grupo de investigación del Área de Toxicología destaca por una sólida estructura donde conviven diversas etapas de la carrera científica. El equipo está liderado por la Catedrática de Universidad Rosa Mª Reguera Torres y la Profesora Titular Mª Yolanda Pérez Pertejo, contando también con la labor de Celia Fernández Rubio como Profesora Ayudante Doctor.

El grueso de la labor investigadora recae en un nutrido grupo de doctorandas formado por Nerea García Fernández, Estela Melcón Fernández, Cathy Soh Kamdjo, Mª Cristina González Montero, Julia Andrés Rodríguez, Marta Cendón Álvarez y Sulma Lucía Cornelia Farfán Hancco.

Completan este equipo multidisciplinar Elea Serrano Martínez como estudiante de máster, Sara Alonso López y Elsa González Alonso como estudiantes de grado, junto a Irene Pilar Martínez Torres en la labor de técnico de laboratorio.

Además, el grupo se extiende con colaboradoras clave como María Martínez Valladares (Profesora Titular), Elora Valderas García y Marta Ruiz Somacarrera, quienes desarrollan sus proyectos en el IGM-CSIC.

La rutina frente al microscopio y la burocracia

Lejos de la imagen “romántica” o estereotipada del científico, la realidad en la ULE es de un esfuerzo constante que no distingue de calendarios. Estela Melcón Fernández es tajante: “Es un trabajo sin horarios; al trabajar con seres vivos, los tiempos los marcan ellos”, asegura, aclarando que vive para sus “bichines”. Esto implica jornadas que se extienden hasta la noche o visitas obligatorias al laboratorio durante los fines de semana.

Julia Andrés Rodríguez describe su día a día de forma gráfica: “Vivo con la bata puesta y la pipeta en la mano”. Sin embargo, a medida que se avanza en la carrera, el laboratorio cede espacio a la gestión. Celia Fernández Rubio y Mª Yolanda Pérez Pertejo señalan que su tiempo ahora se reparte entre la docencia, la formación continua y la “excesiva” burocracia que conlleva la búsqueda de financiación.

Leishmaniasis: una amenaza global en expansión

El eje central de sus desvelos es la leishmaniasis, una enfermedad “olvidada” que no solo afecta a animales sino también a millones de personas. Marta Cendón Álvarez advierte que no siempre se le presta la atención necesaria, a pesar de su gravedad. El grupo no solo busca nuevos tratamientos atacando el metabolismo redox del parásito —un “punto débil” exclusivo de estos organismos que no afectaría a humanos, según explica Julia Andrés —, sino que también trabajan en el desarrollo de vacunas.

Celia Fernández Rubio y Estela Melcón Fernández coinciden en un punto crítico: el cambio climático, la deforestación y las migraciones están provocando que los insectos que transmiten esta enfermedad se desplacen hacia el norte y zonas de mayor altitud, incrementando el riesgo en nuestro propio territorio.

Financiación y estabilidad, las asignaturas pendientes

Cuando se les pregunta qué falta para que la ciencia española despegue, la respuesta es unánime: financiación y estabilidad. La precariedad prolongada hace que la estabilización de los investigadores no llegue hasta los 43 o 48 años de media.

Además, aunque no lo han notado especialmente en sus carreras, fuera de los laboratorios persiste el sesgo de género. Aunque en su entorno actual se sienten valoradas, reconocen que los cuidados ligados a la maternidad siguen ralentizando la productividad científica de las mujeres, dificultando su acceso a puestos de mayor responsabilidad.

Un mensaje para el futuro

En este Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, el mensaje de estas investigadoras leonesas es de aliento pero también de realismo. Estela Melcón anima a las niñas a “no desistir en su sueño”. Marta Cendón recalca que la ciencia necesita “mentes creativas y referentes femeninos”.

Para este equipo, la ciencia no es algo lejano ni exclusivo de genios; es cuestión de pasión, curiosidad y, sobre todo, de un compromiso diario por mejorar la salud de todos desde los laboratorios de León.

Forman un equipo donde el 90% son mujeres, una cifra que desafía los estereotipos habituales en las carreras STEM. Hoy conocemos un poco más sobre su labor en la Universidad de León poniendo rostro y voz a la ciencia con sello leonés.

MARIA EUGENIA MATESANZ
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