Los pueblos de la tan cercana y olvidada Sobarriba vuelven a la Semana Santa de la ciudad de León, en su hermanamiento con la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y el Silencio. Será en la tarde de este Domingo de Ramos, integrándose en la inmemorial Procesión del “Rosario de la Buena Muerte”, como vienen haciendo desde 2009, recuperando entonces una mucho más antigua tradición que vincula a esta comarca tradicional con dicha procesión y cuanto con ella está relacionado. El antiguo vínculo entre la inmemorial procesión y los sobarribanos se afianzaba en el siglo pasado a brazo de los mozos de Corbillos que pujaron el Nazareno, sobre andas sencillas (como esas gentes), lejos de ostentación alguna, mucho que ver ello con la inmensa figura de Gregorio Alonso Aller, “El Pontífice”, y los suyos.

Capas pardas, estandartes de las viejas Cofradías penitenciales de la Tierra, pan grande y cirio de la ofrenda de los humildes, sones de dulzainas, matracas y carracones… son otros “sentires” en los que, afortunadamente, los del Silencio supieron encontrar una identidad alejada de brillos foráneos y arraigada en el propio ser.
Seis y media de la tarde, crucero en el ábside de Santa María del Camino, la Antigua, Plaza del Grano: punto de encuentro de los de La Sobarriba, desde donde, tras entonar de manera singular la Salve, se encaminarán al Convento de San Francisco el Real Extramuros -los capuchinos-, para que “El Dainos”, cuya versión de canto también vino de los que se mantienen en esos altos secanos de las tierras Sobre los Ríos, reencuentre a la Ciudad cabeza del Viejo Reino con los Pueblos de su Tierra, en los que, a su vez, la Semana Santa no se ha vaciado de sus mejores contenidos y vivencias.
Eduardo Álvarez Aller nos recordaba en artículo suyo (2019) que “una de las procesiones más enraizadas en la Semana Santa de León, tanto por su antigüedad como por la acogida entre los papones de acera, es aquella que efectúa su salida en la tarde del Domingo de Ramos desde el convento de San Francisco el Real. La organización de esta procesión ha correspondido desde antiguo a la Venerable Orden Tercera -actualmente Orden Franciscana Seglar- que contó con capilla propia, llamada de los Terciarios, adosada al convento de mendicantes al menos desde 1678, tal como afirma Paulino María de Cervatos [Notas históricas del convento de San Francisco de León. Madrid, 1922, p.36]. Este franciscano reseña que en 1793 en esta capilla se veneraba, entre otras imágenes sagradas, a un Jesús Nazareno [Op. cit., p.38], imagen popularmente conocida con la advocación de El Dainos, apodado en alguna época como “El Ranero”, según constató Victoriano Crémer.”
Y habrá más, más escondida senda del sentir más profundo y sincero, cuando en la Capilla de Santa Nonia, tras el Encuentro entre Madre e Hijo, entre La Virgen de las Lágrimas y el Dainos, en la callada capilla, se ofrende ese pan de la Tierra que lo es de la Paz, y culminando la Procesión, en la gran casa común, quede también otra ofrenda: el cirio pascual que a pies del Pobrecito de Asís dejen los de la Antigua Hermandad.
Antonio Barreñada
La sobriedad del Dainos llena de silencio y recogimiento las calles de León (VIDEO/FOTOS)

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