- La intensa tarde por la Ciudad Eterna ha dado pie a la noche con una lluvia que ha ensombrecido la retirada del señor de León a ‘casa’
En una jornada para el recuerdo, la tarde del sábado 17 de mayo de 2025 quedará grabada en la historia de la religiosidad popular. Roma, corazón del mundo cristiano, acogió el Jubileo de las Cofradías dentro del marco del Iubilaeum 2025. Miles de fieles llegados desde los rincones más diversos del mundo se congregaron para vivir una procesión única, en la que la tradición, el arte sacro y la emoción se entrelazaron con el espíritu de fraternidad.
Desde primeras horas, la Piazza Celimontana fue llenándose de capas, varas y estandartes. A las 14:00 horas dio comienzo la gran procesión. Entre los cortejos destacados, la mirada de muchos se posó en un rostro familiar para los leoneses: el Nazareno de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, que por primera vez desfilaba por calles romanas, llevando consigo el fervor de una tierra con siglos de Semana Santa.
Junto al Nazareno leonés, compartieron cortejo dos imágenes de enorme arraigo y simbolismo en España: el imponente Cachorro de Sevilla y la Virgen de la Esperanza de Málaga, cuyos palios, costaleros y acompañamientos musicales sobrecogieron a locales y peregrinos.
Durante más de seis horas, el largo caminar de los pasos atravesó escenarios cargados de historia: el Coliseo, la Via dei Cerchi y el Circo Massimo.
Ya caída la tarde, las luces tenues de Roma ofrecieron un nuevo marco de espiritualidad. La noche trajo consigo un recogimiento profundo. El paso solemne del Nazareno del Dulce Nombre, escoltado por cofrades de túnica y capirote, avanzaba entre rezos y lágrimas. El sonido de las marchas de la agrupación musical rompía el silencio de la noche romana, mientras los cirios iluminaban las emociones a flor de piel.
A eso de las 21:30 horas, el encuentro simbólico en el Circo Massimo entre ambas secciones del cortejo representó algo más que una coincidencia de pasos: fue una manifestación viva de unidad, de Iglesia universal, de culturas y tradiciones hermanadas bajo una misma fe. Durante esta jornada, cofrades de Italia, Portugal, Francia y España se fundieron en un abrazo espiritual que traspasó idiomas y fronteras.
La presencia del Nazareno de León no fue solo una participación más, sino un acto de afirmación cultural y religiosa. Fue la voz de una ciudad que, con humildad y orgullo, llevó hasta el corazón de la cristiandad su forma de entender la Semana Santa: como un acto de entrega, de tradición viva, de arte que reza.
La Cofradía del Dulce Nombre de Jesús ha brillado con luz propia, llevando a hombros siglos de historia, esperanza y compromiso.


LEÓN 24 HORAS
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