- María Asunción Carro Merayo celebró ayer su centenario más uno en la residencia CleceVitam Otazu, rodeada de su familia y la comunidad que la admira por su inagotable vocación docente
Hay vidas que se cuentan a través de los libros, y vidas que, por sí solas, son una biblioteca entera. Es el caso de María Asunción Carro Merayo, conocida por todos como “Chonita”, quien ayer, 8 de mayo, sopló las velas de su 101º cumpleaños. Lo hizo donde reside actualmente, en el centro CleceVitam Otazu, envuelta en el cariño de sus compañeros, profesionales del centro y una familia que es su pilar fundamental.
Una vida dedicada a la tiza y la palabra
Nacida en Bembibre en 1925, la trayectoria de Chonita es el reflejo de una mujer que hizo de la cultura su bandera. Maestra de profesión y de alma, dedicó toda su vida laboral a la enseñanza, una labor de la que se siente profundamente orgullosa y que marcó no solo su camino, sino el de las generaciones de alumnos que pasaron por sus manos.
Su historia, sin embargo, no estuvo exenta de los rigores del siglo XX. Tras perder a su madre durante la Guerra Civil, tuvo que trasladarse a Bilbao con unos familiares. A pesar de esos años de distancia, su identidad leonesa nunca se desdibujó, regresando a sus raíces para formar una familia compuesta por tres hijos y una descendencia que hoy llega hasta sus bisnietos.
Su “santuario” particular
A sus 101 años, Chonita sigue demostrando que la curiosidad no tiene fecha de caducidad. En la residencia, su habitación se ha convertido en lo que ella llama su “santuario”. Allí, rodeada de sus grandes pasiones (la poesía, la lectura y la música), continúa cultivando un intelecto que permanece lúcido y vibrante.
“Es una persona muy querida por su carácter cercano, culto y sensible”, comentan desde el centro residencial.
A pesar de atesorar sus momentos de soledad creativa, Chonita es una figura activa en la vida social de la residencia, donde se ha convertido en un referente de vitalidad y memoria viva. Su celebración de ayer no fue solo un aniversario más, sino un homenaje a una mujer que, tras un siglo de vida, sigue siendo el mejor ejemplo de que el amor por el aprendizaje es el verdadero secreto de la longevidad.

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