- Una exhaustiva investigación de un equipo del periodista Justin Webster recoge datos que nunca se investigaron en el sumario. “¿Y si hubo conspiración política ‘del otro PP’?”
- La Policía nunca llegó a investigar el teléfono móvil de Triana Martínez, ni a su pareja, ni a sus amistades del partido, ¿por qué?
- “En la instrucción sólo se investigó lo que aparecía en el sumario”, reconoce la jueza instructora del caso, Sonia González
Triana, sus ‘amigos’ del PP y lo que nunca se sabrá sobre el crimen de Isabel Carrasco
Un equipo de la productora JWP dedicó dos años a la investigación en León del crimen de Isabel Carrasco. Dos periodistas, Justin Webster y Enrich Bach, desglosaron cada dato del sumario y cubrieron el juicio (el juez les permitió grabarlo con cámaras propias, algo no muy habitual en la Audiencia Provincial de León).
Cuando concluyeron su trabajo, una miniserie de cuatro capítulos, la rigurosa ‘Muerte en León’, que luego se comercializó y pasó por varias plataformas, se dieron cuenta de que la información recabada incluía datos que nunca se abordaron en la vista oral, por lo que decidieron trabajar en un segundo proyecto, el documental ‘Muerte en León. Caso cerrado’, que llegó a estrenarse en algunos cines.

Los investigadores, un británico y un catalán, se dieron cuenta de que nunca se había investigado el teléfono de una de las imputadas, Triana Martínez, ni a sus amistades del PP, ni a su pareja, y quisieron saber por qué.
Aún hoy cuesta comprender que se investigara a fondo la vida personal de la tercera investigada, la policía Raquel Gago, que mantenía una larga relación con un hombre casado que sí tuvo que declarar como testigo en el juicio.
Pero sobre la vida personal de Triana, que en una entrevista que dio desde prisión habló con detalle de “sus amigos del partido” y de su pareja, “un dirigente del PP de León también casado”, no se dijo ni palabra en el juicio. ¿Por qué?
En ‘Caso cerrado’, el diputado Matías Llorente (ya fallecido), que siempre habló alto y claro sobre todos los asuntos del Palacio de los Guzmanes, habla con detalle de los “amaños” que hacía en la institución provincial “el PP, partido de la reina del Palacio”, en referencia a Isabel Carrasco, y explica por qué Triana contó abiertamente que ella había entrado “a dedo” y esperaba que la plaza de ingeniero de Telecomunicaciones le fuera asignada a ella “porque sí”. “Ya se dieron así 40 plazas, y todos los del PP eran familiares de otros, y todos tenían nueves y dieces”.
Los testimonios de varios periodistas señalan también que la investigación del crimen de Carrasco “nunca se completó” y que hubo “cosas extrañas” desde el principio, como la llegada de los policías de Burgos.
Periodistas, forenses y psiquiatras relatan el extraño vínculo que mantenían la madre y la hija imputadas, Montserrat y Triana, “con una unión patológica”.

Más inquietante aún es el testimonio del abogado de la acusación particular de la familia de Carrasco, Carlos Rivera, que habla de “intereses para destronarla de cualquier forma”: “Eran inmensos a muchos niveles, como el poder de Isabel también era inmenso, pero el resto eran muchos y el problema es que ella estaba sola”, en referencia a ‘dos bandos’ en el Partido Popular.
“Carrasco era implacable y tenía dossiers de muchos de sus compañeros de partido”, cuenta otro testimonio de una periodista. “Ella era intocable en Madrid e intocable aquí”, apostilla Llorente.
Y así, unos y otros vienen a apostar por una especie de conspiración política de ‘el otro PP’, que “pudo haber azuzado a estas dos para que pasara lo que pasó”. “¿Pero quién las calentó la cabeza?”, se pregunta Matías mirando a cámara.
“Yo creo que en el PP han quedado todo el mundo felices”, llegó a decir la autora confesa de los disparos a Carrasco, Montserrat González. “Ahora no dice nadie nada, todos se lavan las manos, pero todo el mundo lo deseaba”.
Impacta ahora volver a ver, doce años después, a Triana en el juicio haciendo uso del derecho a la última palabra. “Me da mucha pena haber escuchado a muchos testigos mentir. Otros han desaparecido, o no han querido venir, o están ausentes…”. ¿A quiénes se refería Triana?
Y en la última intervención en la vista oral del letrado Rivera, las preguntas que formuló a Triana y que ésta nunca quiso contestar. Las escuchó impertérrita, como si no fueran con ella. Impactan sobremanera: “Quién le daba dinero para pagar la hipoteca? ¿Era a cambio de algo? ¿Alguien la indujo para cometer el asesinato? ¿Quién es su pareja? ¿Es enemigo político o personal de Isabel Carrasco? Todas las personas que le dijeron que le iban a ayudar, ¿eran enemigos de Isabel Carrasco?”. Y Triana, ni una palabra, como si el asunto no fuera con ella. “Yo creo que aquí hubo un planificador. Alguien que ha perpetrado esto”, añadió Rivera en el documental, sin entrar en más detalles.

También dan para pensar -y mucho- las declaraciones que hizo Raquel Gago cuando regresó a prisión para cumplir la condena que dictó el Supremo: 14 años como cómplice del asesinato. “La gente debería saber la verdad, y la verdad no ha salido en este juicio”, dijo Gago mirando a las cámaras. “Soy víctima de una situación política”. Y otra pregunta para ella, si acaso un día hablara: ¿Por qué Raquel Gago nunca se hartó de callar? ¿Por qué esta policía nunca despejó qué pintaba ella -de verdad- en esta historia?
En ‘Caso cerrado’ se muestra con minuciosidad la larga lista de llamadas entre Triana Martínez y un exasesor del entonces presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera. La condenada y este hombre, Luis Estébanez, se intercambiaron cientos de mensajes y llamadas desde el 1 de enero de 2014 y el 12 de mayo de ese año, fecha del crimen, con un dato muy llamativo: el 11 de mayo hablaron durante hora y media, y el día del asesinato por la mañana otros tres minutos. ¿De qué hablaban el asesor del PP y Triana? Según él, “ella llamaba a mucha gente para buscar trabajo”.
Cuando los periodistas le preguntaron a Triana sobre este continuo contacto con Estébanez, la respuesta de ella también dice mucho: “Eso lo quise dejar aparte porque es mío, es privado. Es política y yo no les quiero meter en un brete a ninguno”. ¿A ninguno?
Según el exasesor, mano derecha de Herrera durante 11 años, “nunca nadie” le llamó para preguntarle por sus comunicaciones con Triana.
“Todo esto ha podido no verse, o verse y ocultarse, dos hipótesis muy graves”, considera el fiscal Carlos Castresana.
Los autores de la secuela de ‘Muerte en León’ llevaron personalmente un informe detallado con todos sus hallazgos a la Policía Nacional. Un mes después recibieron un escueto mensaje: “La Policía no comenta un caso cerrado”.
‘Caso cerrado’ desapareció de la plataforma donde se exhibió por un breve periodo de tiempo sin que ni sus creadores sepan explicar por qué. “No hay cómo ver ese trabajo de investigación”.
Pero no sería la primera vez en la historia que una investigación periodística vuelva a ponerse sobre la mesa muchos años después, cuando algún hallazgo -o testimonio en primera persona- ofrezca novedades inéditas.
Hasta entonces, si llega el momento en que por alguna razón se rompan determinados pactos de silencio, resuenan las palabras del letrado Carlos Rivera a Triana Martínez en el juicio. Para pensar: “Quién le daba dinero para pagar la hipoteca? ¿Era a cambio de algo? ¿Alguien la indujo para cometer el asesinato? ¿Quién es su pareja? ¿Es enemigo político o personal de Isabel Carrasco? Todas las personas que le dijeron que le iban a ayudar, ¿eran enemigos de Isabel Carrasco?”…

Susana Martín
Periodista. He hecho un poco de todo en el maravilloso oficio de contar historias: prensa, radio, montar el primer digital de León, reportajes de investigación sobre lo que otros intentan silenciar o colarme en una cárcel para entrevistar a dos asesinas. Creo en el periodismo como servicio público e intento mantener una mirada objetiva. Me gusta mucho escribir, escuchar, vivir, leer, las burbujas y otros 'pecaos'. Tengo pocos miedos.


