- El expolítico berciano sometió a su segunda exmujer a vejaciones y maltratos inimaginables, según recoge la sentencia del Supremo, que ya es firme
- Durante sus dos décadas largas en la política, fue alcalde, procurador y diputado por hasta seis formaciones políticas distintas. Se casó con Raquel “para recaudar fondos para la campaña de Coalición por el Bierzo”, según ha contado ella
Pedro Muñoz era “un animal político”. Así se definía él. Le gustaba el poder por encima de todas las cosas, y así se entiende que su trayectoria recoja bandazos de un espectro político a otro, con tal de tener bastón de mando.
Tras sus intentos de juventud de presentarse a unas elecciones por Izquierda Unida, que no fructificaron, durante casi tres décadas formó parte de seis partidos políticos.
Cuando no lograba gobernar, como hizo en su pueblo, Toreno, sellaba pactos de gobierno con quien fuera necesario. En Ponferrada, cogobernó junto al PP primero, siendo Gloria Merayo alcaldesa. Después, logró alianzas con PSOE y Podemos, con los que cogobernaba el Ayuntamiento de Ponferrada cuando se produjo la brutal agresión a Raquel Díaz. Agresor y víctima lideraban Coalición por el Bierzo.
También son de sobra conocidas en el Bierzo las redes clientelares que fue tejiendo desde sus numerosos cargos políticos, algo que explica también el clamoroso silencio sobre este caso de violencia de género en no pocos medios de comunicación. “Tiene muchos amigos poderosos que lo han estado protegiendo siempre“, ha denunciado Raquel Díaz.
Un cacique que supo crecer y ampliar sus redes de contactos, “haciendo muchos favores”, y que era conocido en las instituciones por su agresividad con sus compañeros y a menudo con los medios de comunicación, aunque también sabía ser cordial y amable cuando quería.
Protagonizó episodios broncos tremendos en el Ayuntamiento de Ponferrada, pero también en las Cortes y en la Diputación de León. Su agresividad y violencia verbal quedó grabada en varios de los plenos.
Sentencia firme
La Sala Penal del Tribunal Supremo ratificaba este martes 8 de julio de 2025 la condena de 16 años y 11 meses de prisión impuesta al expolítico berciano por delitos de maltrato familiar y de lesiones agravadas, con las agravantes de parentesco y discriminación por razón de género, sobre su entonces mujer, Raquel Díaz, a quien dejó parapléjica y con daños neurológicos irreversibles tras lanzarla por el balcón y apalearla después. Los hechos ocurrieron en una finca familiar en la localidad leonesa de Toreno el 27 de mayo de 2020.
El Supremo desestimaba así los recursos de casación tanto del acusado como de su exmujer como acusación particular, ratificando el fallo del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, que a su vez confirmó la sentencia de primera instancia, la de la Audiencia de León.
La condena ahora ratificada fue por delito de lesiones agravadas (12 años de prisión), un delito de maltrato habitual en el ámbito familiar (2 años y 6 meses), y otros tres delitos de maltrato en el ámbito familiar (que suponen dos condenas de 9 meses de prisión y una de 11 meses).
El condenado debe indemnizar a la víctima con más de 1,5 millones de euros; a la Junta de Castilla y León, 97.000 euros; y al servicio de Sanidad de Castilla-La Mancha (Raquel estuvo ingresada en el Hospital de Teatrapléjicos de Toledo), en 47.900 euros.
Unos hechos probados demoledores
Los hechos probados describen que desde el comienzo de la relación sentimental, el condenado “dio muestras de un comportamiento violento e intimidante para con su pareja sentimental como manifestación de su dominio sobre la misma caracterizado por constantes amenazas, humillaciones, agresiones físicas y maltratos psíquicos, cometidos con una clara intención de menospreciarla, humillarla, anularla, denigrarla, controlarla y dominarla mediante una verdadera subyugación psicológica, aislándola de su familia, amigos y de su entorno social y profesional, y todo por el simple hecho de ser mujer y por un correlativo sentimiento de superioridad por parte“.
La víctima, la abogada leonesa Raquel Díaz, “como consecuencia del maltrato continuado a la que se vio sometida por el acusado en el seno de la relación sentimental por ellos mantenida, presenta síntomas de maltrato psicológico, sumisión y dependencia, traumatismo mixto ansioso depresivo, signos de inestabilidad emocional, distorsión cognitiva, sentimiento de desesperanza e inutilidad, sufrimiento emocional, somatizaciones, obsesión, hipersensibilidad, alteraciones del sueño o desconexión social, desajustes psicológicos, afectación en áreas vitales a nivel social, familiar, laboral o de salud física y estrés postraumático con el consecuente malestar psicológico ante un deterioro del funcionamiento alto”.
El día 27 de mayo de 2020, “encontrándose ambos en la finca Las Huelgas de la localidad leonesa de Toreno, sobre las 22,00 horas, se produjo entre ellos una discusión pues -Raquel- estaba en una habitación haciendo la maleta con la intención de abandonar la vivienda, lo que molestó a Pedro Muñoz Fernández, por lo que con tono amenazante dijo a la denunciante “¿… qué cojones estás haciendo?, ¿no te enteras que sólo muerta te puedes librar de mí?”.
“El condenado, como muestra de la grave y arraigada desigualdad existente en la relación sentimental que mantenía con su esposa y del dominio y superioridad que ejercía sobre ella, comenzó a agredirla golpeándola en los brazos y en las piernas, y agarrándola luego por las piernas la arrastró hasta la terraza existente en la parte superior de la vivienda a unos cuatro metros en horizontal del suelo, mientras que ella intentaba con las manos y moviéndose separarse y que la soltara“, señalan los hechos probados.
“Encontrándose ya en la referida terraza situada en la parte superior de la vivienda, el acusado agarró con las manos a la denunciante, consiguiendo esta apartarle las manos y golpeándola entonces con la mano izquierda en un ojo. A continuación, el acusado la agarró por el cuello con la mano derecha, intentando esta defenderse y quitárselo de encima con las manos y moviéndose, lo que finalmente no consiguió. Acto seguido, el acusado con la intención de acabar con la vida de la denunciante y, en todo caso, conociendo y asumiendo las altas posibilidades que existían de poner fin a su vida si la arrojaba, la lanzó al vació por el balcón o barandilla que soportaba el remate de la terraza, cayendo y golpeándose contra un pozo que había en la zona y el suelo, especialmente en la cabeza y en la espalda, quedando inmóvil y tirada en el suelo boca abajo”.
A Raquel Díaz su agresor le dejó, entre otras secuelas, un síndrome frontal con alteración de funciones cerebrales superiores en grado moderado (un tipo de demencia), secuelas motoras y sensitivas con paraplejia, en el sistema músculo esquelético material de osteosíntesis en columna vertebral, algias postraumáticas sin compromiso radicular y/o síndrome cervical asociado, fractura de costillas, esternón con neuralgias intercostales esporádicas, derivación ventrículo peritoneal, ventrículo vascular (por hidrocefalia postraumática), fractura/acuñamiento/aplastamiento de columna vertebral y secuelas por perjuicio estético.
“Las deficiencias psicofísicas que presenta le imposibilitan para la realización de cualquier tipo de profesión u oficio, precisando asistencia para todas las actividades básicas de la vida diaria”.
GALERIA DE IMÁGENES de la dilatada carrera política de Pedro Muñoz. Cumple condena en la prisión de Villabona, en Asturias, y sigue a la espera de la decisión del Supremo sobre los recursos de casación presentados a la sentencia condenatoria por alzamiento de bienes, que condenaban al agresor y a sus dos hijos por intentar descapitalizarse para no indemnizar a Raquel si resultaba condenado por intentar matarla, como así fue.










Susana Martín
Periodista. He hecho un poco de todo en el maravilloso oficio de contar historias: prensa, radio, montar el primer digital de León, reportajes de investigación sobre lo que otros intentan silenciar o colarme en una cárcel para entrevistar a dos asesinas. Creo en el periodismo como servicio público e intento mantener una mirada objetiva. Me gusta mucho escribir, escuchar, vivir, leer, las burbujas y otros 'pecaos'. Tengo pocos miedos.


